Tan sencillo como que te llamo... (Monólogo)

(Labor para taller de escritura Creativa)


Tan sencillo como que te llamo... ¡Alma!

I

No sé si te habrás dado cuenta
que llevo el hueso quebrantado
y la piel seca;
que ya no soy la misma que pedía
cuando el anhelo ha triturado el pensamiento.
Entonces, te miro y callo,
porque ya sólo resta permanecer en silencio y esperar.
Ya sabes que tu nombre me ha mordido las sienes cada noche.
Que me he encontrado algunas veces
jugando a escondidas con mi solitaria realidad ante tu alma.
Y sé que me observas.
No quiero que me veas el insomne corazón que se repite,
con su tic tac de tiempo inexorable, marcándome los días,
instaurado en sus redobles, haciéndome daño...
Distanciándome del mundo que no está a la altura de
mi yo interior. ¡Y no es orgullo, es que me conozco!

II

Sé de qué está hecho este pellejo del que se viste ella,
con su hueso encarnado de código caduco,
pero me gusta por ahora, luego, ¡ya veremos!
¡Sí, te he intuido mirándome a oscuras
y te siento en el borde de mis párpados, reflejada!
Eres como las lágrimas y degustaba sal al desbordarse por mi boca 
como un mar de sensaciones, o como un orgasmo de ideas;
te percibí en la trémula osadía de un deseo.
Sé que aunque viniese tantas veces
a este lugar de fango y supieras de mí, callarías,
porque eres entrega.
...
-No te sientas culpable, no lo somos, somos aún vida.-
Sé, que aunque quisiese sentirte otras tantas veces
sería lo mismo, no somos dueños de nada acá y... sí.
¿Lo somos?

III

Hoy, he intuido el temor que desprenden mis palabras
cuando deshilan la memoria de tus penas.
Y no pude tener el valor para afrontarlas.
¡Estabas allí a oscuras esperándome!
...
Porque permaneces para el mundo a oscuras,
aunque conocemos el mismo encorajinado galope
que se abre camino entre sus brumas;
palabras huecas y promesas ciegas
pero los sentimientos no niegan la verdad.
Será todo así tan cierto, ¿no lo has pensado?
-¡Tenemos terror!-
Y para saber de la Luz de cada cita
estos pobres corazones de badajo roto,
tan tercos como el mío, aún quieren sentir el sonido
pretencioso de campanas por sus vidas o,  de sirenas de barco,
sobre mares abiertos y cielos despejados; 
por campos floridos, valles entre montañas y ríos caudalosos.
Ver que la luz ámbar de tus faros aún me espera...
y que tu pecho es puerto y paseo marítimo tus brazos.

IV

¡Oh, qué terrible desgracia ser lo que no puedo
en la mística implacable de escucharle a Él, con fe colérica,
pero sé que soy yo y mi pobre conciencia la que llama a juicio,
¡nada menos que a Él en este inconsolable claustro!, así se entiende,
donde me recuerda mi miserable realidad de paso.
¡Sí, es ese mismo Dios de Amor que nos abraza!
Déjame al menos este simbolismo 
tan nuestro que nos mata los insectos del vientre,
mariposeando hasta que mueren en la espera, 
déjame que pronuncie la dulzura de tu nombre
y acogerme al muro de tu silencio;
déjame que piense que es así con los brazos laxos
por temor a ofenderte. Sí, así...
para que cuando seas algo tangible 
sepa apoyar mi cabeza entre tus sueños;
donde mi mano deje una petición entre las grietas de ese muro
en que te cobijas, donde pueda persignarme cristianamente,
trazando mi sosiego, tan sencillo como que te nombro cada día.

Déjame ver si entre esas grietas de tu dolor,
como han empezado a anidar las aves este invierno,
las que te cantan. Entonces, amor, sólo entonces, 
me sentirás lo mismo, callada y en silencio con mi marcha;
y sabrás que por fin no estaré para decirte que... ¡Te quiero!
Habré abandonado este miserable hueso con su piel
oxidada y reseca, tan sencillo como que te llamo cada día para amarte,
pero ya será para decirte que no vuelvo.

¡Mírame entonces, para ver si mis brazos sin fuerza, osan abrazarte;
mírame, porque te besaré la boca
y no podrás decir que no en esta despedida!


A. Elisa Lattke V.
Dom Sep 14, 2008

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La palabra es el arrullo de Dios cuando causa una impresión inolvidable.
La mejor dádiva, es haber conseguido que nuestros semejantes se sientan felices, siempre que seamos sinceros con lo que opinamos.

A. Elisa. Lattke Valencia, sólo va pasando como un cometa cada cien años...